jueves, 24 de septiembre de 2009

CarieS


Es la afectación progresiva de un diente que comienza con la desaparición del esmalte, dejándolo totalmente desprotegido y al alcance de los gérmenes que habitualmente residen en la boca.
Es una enfermedad multifactorial que se caracteriza por la destrucción de los tejidos duros del diente como consecuencia de la desmineralización provocada por los ácidos que genera la placa bacteriana. 
Estos a partir de los restos de alimentos, que se exponen a las bacterias que fabrican ese ácido, de la dieta.
La destrucción química dental se asocia a la ingesta de azúcares y ácidos contenidos en bebidas y alimentos.
La caries dental se asocia también a errores en las técnicas de higiene así como pastas dentales inadecuadas, abuso de cepillado dental, ausencia de hilo dental.
Así como también con una etiología genética, se estudia aún la influencia del pH de la saliva en relación a la caries. 
Tras la destrucción del esmalte ataca a la dentina y alcanza la pulpa dentaria produciendo su inflamación, pulpitis, y posterior necrosis (muerte pulpar). 
Si el diente no es tratado puede llevar posteriormente a la inflamación del área que rodea el ápice (extremo de la raíz) produciéndose una periodontitis apical, y pudiendo llegar a ocasionar un absceso, una celulitis o incluso un flemón.
Las caries dentales son uno de los trastornos más comunes, después del resfriado común. 
Suelen aparecer en los niños y en los adultos jóvenes, pero pueden afectar a cualquier persona y son la causa más importante de pérdida de los dientes en las personas más jóvenes.


Las bacterias suelen estar presentes en la boca y convierten todos los alimentos, especialmente los azúcares y almidones, en ácidos.
 Las bacterias, el ácido, los residuos de comida y la saliva se combinan en la boca para formar una sustancia pegajosa llamada placa.
Esta se adhiere a los dientes es más prominente en los molares posteriores, justo encima de la línea de la encía en todos los dientes y en los bordes de las obturaciones. 
La placa que no es eliminada de los dientes se mineraliza y se convierte en sarro. 
La placa y el sarro irritan las encías, produciendo gingivitis y en últimas periodontitis. 
La placa comienza a acumularse en los dientes a los 20 minutos de la ingestión de alimentos, que es el tiempo en el que se presenta la mayor actividad bacteriana. 
Si la placa no se remueve por completo y en forma rutinaria, las caries no sólo comienzan sino que prosperan. 
Los ácidos de la placa disuelven la superficie del esmalte del diente y crean orificios en el diente (caries). 
Las caries no suelen producir dolor hasta que se tornan muy grandes y afectan los nervios o causan una fractura del diente. 
Si se dejan sin tratamiento, se puede producir un absceso dental. 
La caries dental que no se trata también destruye las estructuras internas del diente (pulpa) y finalmente causa la pérdida de éste. 
Los carbohidratos (azúcares y almidones) aumentan el riesgo de caries dentales. 


Los alimentos pegajosos son más dañinos que los no pegajosos, ya que permanecen en la superficie de los dientes. 
Los refrigerios frecuentes aumentan el tiempo en que los ácidos están en contacto con la superficie del diente.
Hay cinco pilares para la prevención de la caries a cualquier edad: 
Eliminación de la placa bacteriana mediante una correcta higiene oral. 
Dieta e hidratación adecuadas. 
Uso de fluoruros. 
Aplicación de selladores. 
Revisiones en el dentista cada 6-12 meses.
En cuanto al tratamiento, es recomendable diagnosticar precozmente las caries.
Lo que queda asegurado si se respetan las visitas periódicas de control al dentista.
De este modo se consigue resolver el problema en las primeras fases de evolución, cuando las medidas requeridas son aún sencillas.



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